28.4.11

¿Cómo decías que te llamabas?


Si recuerdan, en mi último post “Si el río suena…veneno lleva” les comenté que nunca le pondría a mi hija el nombre de Livia. Releyéndolo he pensado que ya va siendo hora de que les hable sobre los nombres romanos, sobre el origen y la estructura, porque es bastante curiosa.
Hoy en día uno se llama Jesús Cabeza Compostizo o Elena Nito del Bosque, por ejemplo, y todos entendemos que a parte de haber tenido una infancia muy dura, ésta gente tiene un nombre, un primer apellido y un segundo apellido. Cómo todo el mundo vamos, pero con ración extra de collejas.
En la época de los romanos esto no era exactamente así.
Ellos gozaban de un praenomen, es decir, el nombre propio, un nomen, que era el nombre de la familia (como el apellido), y un cognomen, que generalmente se usaba para acabar de identificar al individuo, ya sea con un mote, o especificando mejor la rama de la familia a la que pertenecía.

Lápida de un tal Lucio Statorio Iucundilo, quién le iba a decir a él que estaría tan bien conservada a estas alturas de la película...

No sé si se han estado fijando, pero la mayoría de los personajes que han salido en el blog, tienen nombres muy parecidos, y muchos de ellos se repiten. Eso no es de extrañar ya que, por ejemplo, al final de la República sólo existían  dieciocho praenomen, es decir, dieciocho nombres propios. Eso era todo. Así que por narices necesitaban el nomen y el cognomen, o no había manera de entenderse. 
En general, el nombre de pila no era muy importante, y cuando se citaba a la gente, era bastante habitual abreviarlos, por ejemplo:

Ap.: Appius
A.: Aulus
C.: Caius / Gaius
D.: Decimus
Y etc.

Lo considerado más importante era el nomen, es decir, el apellido familiar, que quizá les suenen más, por ejemplo la familia Iulia, de la que he hablado en más de una ocasión, o la familia Tulia. Así hasta cuantas familias hubieran. Se deduce que había más variedad entonces en el nomen que en el praenomen, lo que es bastante curioso, sobretodo hoy en día, que es costumbre poner a los churumbeles nombres cada vez más rocambolescos.

El cognomen es lo más divertido. No todos los ciudadanos tenían el “honor” de poseer uno, sólo los que pertenecían a familias patricias o eran conocidos por algo, ya fueran actores, escritores, historiadores, etc.
Se utilizaba para acabar de especificar, para que no hubiera duda de que estás hablando de tu primo y no del hijo del vecino, que curiosamente también se llama Marco Cornelio (no era tan raro).
Esto me lleva a la nostalgia de los días del colegio, en los que existían el gafotas, la granos, el enano o el cojo (sí, hay gente que es muy jodida cuando son niños).
Pues el cognomen era básicamente esto, si un pobre hombre tenía la desgracia de tener acné, pues después de Marco Cornelio le ponían Cicerón, que viene de cicero (grano). Así que si decías, “Sí, Marco Cornelio…”, y te miraban con cara de extrañados decías: “¡El de los granos!” y todo quedaba resuelto.

Hay muchos hombres ilustres de la época a los que se les ha acabado conociendo por su cognomen:

César: Significa cabellera, debía tener un pelazo de ensueño.
Escipión: Significa bastón, sería una especie de House a la romana.
Claudio: Significa cojera, y es que aparte de llamarse así por pertenecer a la familia Claudia,  nació desproporcionado, eso no se lo puedo negar...


Y así podríamos seguir y seguir, porque, lo que se solía hacer es que cuando un personaje notable era conocido por el cognomen, sus descendientes también lo acababan adoptando, convirtiéndose en un segundo apellido y dando lugar a un cuarto nombre, un segundo cognomen.  Así que por ejemplo, todos los emperadores eran llamados Césares, pero dudo que todos tuvieran pelazo de ensueño. 


 Divino Augusto Padre, reza esta moneda. Augusto fue designado como César por el propio Julio. 

A parte, también existían los agnomen, que generalmente sólo eran concedidos a aquellos generales que habían conseguido algún tipo de gesta en países extranjeros. Germánico, padre de Calígula, fue nombrado así porque pacificó la provincia de Germania. Los agnomen eran un reconocimiento muy elevado y muy pocos consiguieron ése honor.

Sé que todo esto puede sonar un tanto complicado, así que aquí viene un clarificador ejemplo:

El emperador Calígula (van a empezar a pensar que tengo algún tipo de obsesión con este hombre) se llamaba en realidad: Gaius (nombre de pila) Iulius (era perteneciente a la familia Julia) Caesar (cognomen adoptado de Julio César) Augustus (segundo cognomen adoptado del emperador Augusto i que generalmente adoptaron todos los emperadores después de él) Germanicus (agnomen heredado de su padre Germánico).
Pero se le acabó llamando Calígula
¿Por qué? Pues por lo que comenté en el primer post: De pequeño se probaba las caligas de los soldados romanos.  Calígula significa botitas, y ése resultó ser su cognomen.

Había otros tipos de cognomen, como por ejemplo “hijo de” (algo que se sigue estilando hoy en día en algunas regiones) o “esclavo de” (algo que ya no se estila para nada en ninguna región).

Antes de terminar me gustaría hablarles un poco de los nombres de las mujeres. Las mujeres eran un auténtico cero a la izquierda y no tenían praenomen, así que era común simplemente llamarlas por el  nomen de la familia en femenino.  Si era de la familia de los Iulius, pues Julia, si era hija de Agripa, pues Agripina, y a otra cosa.
Como máximo, les ponían detrás un cognomen como Minor o Maior, para diferenciarlas y se acabó.
Por cierto que Livia es un cognomen que significa: La de color aceituna.



 Para acabar de rizar el rizo, les presento a Agrippina Maior, esposa de Germánico y madre de Calígula. 


Les propongo un pequeño juego. El nombre más largo conocido en la época romana es el de un cónsul de 169 d.C (se les empezaba a ir la olla) con treinta y seis cognomina
Uno de ellos está repetido dos veces, y el otro tres. ¿Saben decirme cuáles son?

El nombre en si era:  Quinto Pompeyo Seneción Roscio Murena Celio Sexto Julio Frontino Silio Deciano Gayo Julio Euricles Herculano Lucio Vibulio Pío Augustano Alpino Belicio Solerte Julio Apro Ducenio Próculo Rutiliano Rufino Silio Valente Valerio Nigro Claudio Fusco Saxa Amintiano Sosio Prisco.

¡Suerte!

26.4.11

Si el río suena...veneno lleva.


Hoy he decidido empezar a escribir sobre la dinastía Julio-Claudia. Es una dinastía que dará mucho que hablar, ya lo verán, y la más notoria en la historia del imperio romano. Cinco de los emperadores más famosos provienen de esta dinastía, a saber: Augusto (tan angelical que parecía cuando lo compraron),  Tiberio (llegó al poder gracias a que su madre Livia se cargó a media Roma), Calígula (sólo puedo decir que estaba como una chota), Claudio (el único al que consideraban tonto, y el más listo en realidad) y Nerón (gracias a los dioses todavía no se habían inventado los mecheros).

La dinastía Julio-Claudia era todo un espectáculo: traiciones, asesinatos, matrimonios incestuosos, destierros, conjuras y demás espectáculos morbosos que cualquier guionista pagaría lo que tiene por inventarse.
Y es que la realidad superaba a la ficción, se lo aseguro.
Para conocer más a fondo la telenovela de sus vidas, les recomiendo dos series que seguirán apareciendo durante el tiempo que compartamos juntos: “Roma” que nos relata los imperios de Julio César y Augusto y “Yo, Claudio”, que hace un repaso magistral a los imperios de Augusto, Tiberio, Calígula y Claudio. De Nerón nada, ya ven, aunque también tienen la película si quieren.
Es muy complicado contarles las idas y venidas de esta gente de buenas a primeras, así, a bote pronto, ni siquiera sé por dónde empezar.
He encontrado un árbol genealógico MUY simplificado en Wikipedia, en el que básicamente vemos en negrita los cinco emperadores, sus esposas, los hijos más relevantes, y sus hijos adoptivos que se unen con línea discontinua, y que, como ven, fueron claves en más de una ocasión.

Si éste árbol diera frutos, iban a ser castañas como poco...

Era muy común casar primos con primas, sobrinas con tíos, y lo único que se consideraba incesto era hacerlo hermanos con hermanas, aunque Calígula ni lo dudó, como no podía ser de otra manera.
Creo que he encontrado una manera de empezar, y es hablándoles de la persona que, en gran parte, hizo que la sucesión imperial se creara de esta manera, una persona inteligente y calculadora, alguien que hasta el día de su muerte estuvo instigando para que las cosas se hicieran a su manera. Alguien que contribuyó a que  a la familia Julia-Claudia pareciera maldita, pero que también les otorgó parte de su gloria. Alguien que, según dicen, acabó con la vida del propio Augusto por el bien de la familia. ¿Algún emperador? ¿Algún hijo bastardo descontento? No señores, de eso nada. Fue una mujer.

Una mujer bella, según dicen los escritos, considerada una auténtica romana, una madre y esposa virtuosa, con un nombre que nunca le pondría a mi hija, no porque no me guste, sino porque me saldría con mala leche seguro: Livia.


Una increíble y espectacular Siân Phillips interpreta el papel de Livia en "Yo Claudio"

Livia, ahí donde la ven, fue esposa de Augusto, madre de Tiberio, abuela de Claudio, bisabuela de Calígula y tatarabuela de Nerón. No creo que haya nadie más en toda la dinastía que cuente con ese privilegio.
Fue la tercera esposa de Augusto, a la que él más amó y con la que se quedó hasta el día de su muerte, aunque no le dio ningún hijo. Pero no hacía falta, ella ya tenía dos, Tiberio y Druso, y la señora no paró hasta que tuvo a su nene en el trono imperial.
Y le costó, no se crean, Augusto no tenía afinidad con Tiberio, le parecía un bruto, un hombre hecho para la guerra, no para la política (curiosamente el propio Tiberio pensaba exactamente lo mismo), pero Livia, desatendiendo las razones de uno y de otro, tejió su tela de araña en la oscuridad para conseguir su propósito.
Con su cabezonería, consiguió separar a Tiberio de su mujer, a la que amaba con locura, para casarlo con única hija de Augusto, Julia, a la que no soportaba.

Antes de seguir contándoles más detalles, quiero dejar clara una cosa, todo lo que a continuación relato, no son más que meras suposiciones, rumores, basados en ciertos escritos de cronistas que se han encontrado, pero que no son suficientemente consistentes como para darlos enteramente por válidos.
Pero aquí han venido a jugar ¿No es verdad?
¡Despellejemos a esa bruja!

Según dicen, Livia acabó con la vida de más de uno de su familia, directa o indirectamente, ya sea acusándolos de traición y conjura o directamente envenenándolos, su pasatiempo favorito.
Como he dicho antes, Livia quería a toda costa que su hijo Tiberio fuera el sucesor de Augusto, pero para hacerlo, tenía que pasar por encima de algunos cadáveres, porque su marido siempre prefería a otro antes que a su hijo.
Condenó a Tiberio y a Julia a un matrimonio desdichado que acabó en tragedia, ya que ésta empezó a montárselo con todo lo que se movía, y, al ser atrapada y considerada una vergüenza para Augusto, que luchaba por la virtuosidad del matrimonio romano, fue desterrada por su propio padre. Julia murió en una pequeña isla llamada Calabria el mismo año en que lo hizo Augusto, que ya es mala suerte también.

Anteriormente, Julia había estado casada con su primo Marcelo, que era el hijo de Antonia, hermana de Augusto (una de mis Julia-Claudias favoritas junto al propio emperador Claudio) pero Marcelo murió por “enfermedad sospechosa”, dejando la vía libre a Tiberio para convertirse en el esposo de la hija del emperador

Cuando Julia fue desterrada, Augusto acogió a sus nietos como sucesores, que también murieron en “circunstancias extrañas”.
Pero aquí no acaba todo. Germánico, padre de Calígula y uno de los mejores generales del imperio, era muy querido por el pueblo y en más de una ocasión había manifestado su nostalgia por la república. ¿Adivinen qué?…También murió “de una extraña enfermedad” en Antioquía.
Pero ahora viene lo mejor, según dicen (me siento una colaboradora de un programa del corazón) Livia acabó envenenando al propio Augusto, cansada como estaba ya de tanta historia, me imagino.
Pero le resulto bastante más complicado que al resto. Augusto empezaba a olerse algo, tantos sucesores muertos era bastante sospechoso. Y mientras tanto Livia presionando con lo de Tiberio. “Uhmm”-dijo Augusto-“ A ver si aquí mi señora me la está pegando...”
Así que optó por tomar medidas drásticas. Sólo bebía de la jarra de donde bebía Livia y únicamente comía los higos que él mismo cogía de una higuera que tenía en el jardín. Pero aún así se lo cargó. ¿Cómo? ¡Envenenó los higos la tía! ¡Los envenenó mientras estaban el árbol!


Con esa carita de ángel...para que después digan...

Así que al final no quedó más remedio que darle la coronita a Tiberio, que insisto, al principio no la quería. Pero bueno, a todo se acaba acostumbrando uno, no les iba a hacer un feo tampoco.
Una vida apasionante la de esta mujer, eso no se lo voy a negar. Pero quiero romper una lanza por ella, me siento en la obligación de hacerlo.
Livia estuvo considerada la mano derecha de Augusto en los 52 años que duró su matrimonio y siempre miró por el bien del imperio y de la familia (en fin…).  
Es cierto que era una mujer muy dada a la política, que aconsejaba muy bien a su marido y que daba una imagen la mar de ejemplar. No vestía ostentosamente, no se vanagloriaba de su poder y daba ejemplo al pueblo. Eso sí es verdad.
Para su condición de mujer, que en aquella época era bastante denigrante, ella consiguió tener su propia voz y convertirse en la “Madre de Roma”.
Tanto es así, que a Tiberio quisieron ponerle el título de “Hijo de Livia”, título que, por supuesto, rechazó, ya que a parte que era bastante ridículo, Tiberio nunca tuvo una buena relación con su madre. Cuando ésta murió -eso sí, tranquilamente en su cama y de vieja- Tiberio no asistió a los funerales y prohibió que se le rindieran homenajes.



 No me extraña que Tiberio la odiara, no se podía separar de ella ni cuando abría la cartera...

Como dicen en las telenovelas mientras se hace un fundido a negro algo abrupto sobre la cara maliciosa del hijo heredero al trono: “Continuará”. 

19.4.11

Hagan sus apuestas...


“Alea Iacta Est” dijo Julio César hace unos años, cuando cruzó el Rubicón con su ejército.
El Rubicón era el río que hacía frontera entre Italia y la Galia , provincia que se le había asignado a César . Cruzándolo desafió a las órdenes del Senado y provocó una Guerra Civil contra Pompeyo. Guerra que ganó, por cierto.

Siempre se ha traducido “Alea Iacta Est” como “La suerte está echada”, pero una traducción más exacta sería la de “El dado se ha echado”, y es que el pueblo romano era tremendamente jugador.


Señores romanos jugando 

Antes de nada, es importante remarcar que el juego estaba terminantemente prohibido en el territorio dominado por los romanos.  Esto era raro porque no era normal que se legislaran las costumbres de origen civil (se podía fumar y todo…menuda osadía)
El caso es que se prohibió porque la gente llegaba a apostar cantidades ingentes de dinero, algo que se ha hecho toda la vida vamos, pero después de un par de multas de aviso, los romanos simplemente empezaron a jugar dentro de las tabernas y a substituir el dinero por fichas, así que, como ven, mucho le debe Las Vegas a la ley romana. 



Vasija donde están representados Aquiles y Ájax jugando, muy cansados de matar troyanos pero con las lanzas siempre dispuestas...no fuera a ser. 


Y es que, hay que dejar una cosa clara, desde la plebe más humilde hasta los emperadores, pasando por los campos de legionarios, todos se saltaban la norma a la torera y jugaban cuando les daba la gana.
Por poner un ejemplo, el emperador Claudio, mi favorito, ya se lo adelanto, era tremendamente aficionado a los dados, y emperadores como Calígula o Cómodo (dos ejemplos de la chaladura imperial) llegaron a organizar casas de juego en el propio palacio para los patricios, y conseguir, de esta manera, fondos para quién sabe qué.

Pero la ley era la ley, y sólo había una época en la que estaba permitido jugar a los dados, y esta era la fiesta de las Saturnales. Sobre las Saturnales me gustaría escribir un post entero, porque me resulta un evento muy curioso y divertido, pero para que se hagan una idea, puedo adelantarles que se trataba de una fiesta parecida al Carnaval.
Durante la misma, no había distinción de clases entre ricos y pobres, y los esclavos eran liberados de sus funciones, por lo que más adelante se la llegó a llamar “La fiesta de los esclavos”.

Pero volvamos a los dados, al juego en general, eso que atrae, que engancha y desbarata la economía del que no sabe controlarse.
La historia de los dados es larga y aburrida, la resumiré diciendo que en Egipto se usaban tablillas con una cara pintada de negro y la otra del color natural de la madera (dados de dos caras) y que fueron los griegos, menuda sorpresa, los que implantaron los dados de seis caras en Roma.



Dados romanos, rudimentarios pero bastante conseguidos. 

Era muy común entre la plebe jugar a los dados en las tabernas. Los romanos acostumbraban a tirar dos dados, a diferencia de los griegos que tiraban tres.
Algunas veces los tiraban con la mano, pero como los romanos no se fiaban ni un pelo los unos de los otros, así les fue, por otra parte, acostumbraban a usar un fritillus, que es lo que hoy en día se conoce como cubilete. 


Cubilete para ricos, no se vayan a creer que todos eran así...


Lo curioso es que se han encontrado dados trucados de aquella época, y es que lo de hacer trampas en el juego es más viejo que, como dicen en mi casa, “El puente romano”, expresión que me viene al pelo.

El juego en si era muy parecido al de hoy en día. Meneaban el cubilete, lo ponían encima de la mesa boca abajo y hacían sus apuestas.
Si esperaban que les explicara las reglas del juego en si, siento decepcionarles, pero ni siquiera entiendo el juego de los dados hoy en día, para mi es como un misterio.

A parte de los dados, existían otros juegos con los que los romanos mataban el tiempo. Uno de ellos era el Latrunculi.
El Latrunculi era como una mezcla entre el ajedrez y las damas, para que se hagan una idea. Mismo tablero, una hilera de fichas por jugador y el objetivo de matarlas a todas. La gracia era cómo se movían, de forma ortogonal, es decir, como se mueve el caballo en el ajedrez.


El Latrunculi, hay páginas web donde existe la aplicación para jugar. 

Otro parecido al Latrunculi era el Calculi, sí, los nombres tienen lo suyo. El procedimiento era casi el mismo, pero se jugaba con tableros más grande y con alguna regla modificada.
Pero el juego estrella, el que consiguió la prohibición, el que el emperador Claudio llevaba en su carruaje por si se aburría yendo de aquí para allá, era el Tabula.
El Tabula es un juego endemoniadamente difícil y que les juro que he intentado comprender. En un tablero parecido al Backgammon, me consta que las fichas se movían y pasaban cosas.


Como ven, las fichas se desplazan de una casilla a la otra, yo no he mentido...

No me pongan mala cara, estoy segura que mi amigo Wikipedia hará las delicias de todos si sienten el cosquilleo de la curiosidad. Si consiguen entenderlo, por favor, háganmelo saber.

Y para aquellos que se han quedado con un gusto amargo en la boca a causa de mis pobres explicaciones (lo entiendo), les daré un caramelito final.
¿Sabían que los romanos jugaban al Risk? Sí amigos, el Risk es tan viejo como la conquista, pónganse a calcular.
Por supuesto no se llamaba Risk ni mucho menos, por aquél entonces ésa palabra simplemente se acercaba a algo parecido a un insulto pueblerino de un dialecto bárbaro, pero si no me creen, revisen la serie “Yo Claudio”, una de las mejores de temática romana que he visto, y una de las más fidedignas. En uno de los capítulos aparece Augusto jugando al “Risk” con sus nietos.
En el fondo, el tablero siempre acaba siendo el mismo, los nombres cambian, los fronteras varían y los tratados se firman, pero el territorio sigue ahí, inexpugnable o no, listo para ser conquistado por emperadores, parodias francesas de emperadores y señores bajitos con bigote.
Y ahora practiquen, jueguen y juzguen. Como dijo mi colega Julio: “Alea Iacta Est”.
(si Julio César supiera que le he llamado colega con total impunidad…)

S, va por ti :)

8.4.11

Los dioses y la madre que los engendró

Hoy me siento especialmente contenta, así que voy a escribir sobre uno de los temas que más me apasionan de la cultura romana, que es la mitología.
Para empezar, comentarles que los dioses romanos son una copia casi exacta de los dioses de la cultura griega,  así que, respetando lo que va siendo la prioridad, voy a proceder a expresarme siempre anteponiendo los nombres que recibían por los griegos, aún así, los dioses romanos seguían siendo igual de libertinos, puñeteros e hijos de su madre que los de los griegos, así que no se preocupen, la veracidad no se verá para nada alterada. 

El tema de la mitología es extensísimo así que sería imposible contarles todo lo que me apetecería en un solo post, por lo tanto, de momento sólo voy a explicarles un poco el origen de todo.
Dioses había tantos como cosas cotidianas en la vida de un ciudadano, había dioses destinados a proteger los partos, los negocios, el vino y hasta a los ladrones. Nadie se salvaba de la tutela de los dioses, nadie escapaba de ellos, porque, si algo no ha cambiado, es que los dioses siempre han sido dioses, en Grecia y en Pekín: omnipresentes, omnipotentes, omniscientes y la mar de salaos. 

Toda mitología tiene su historia, su origen, ya saben, “Y se hizo la luz” y esas cosas. En el caso de los dioses griegos no es de distinta manera, pero si algo me gusta de ellos, a diferencia de las religiones que cohabitan, o almenos lo intentan, en el siglo XXI, es que se tomaban las cosas con más tranquilidad, sin tanto aspaviento, eran dioses y lo sabían, podíamos decir que iban completamente a su rollo. 

Primero de todo había el Caos, cómo no, el Caos siempre es lo primero, cito a Wikipedia: “El estado primigenio del cosmos infinito”. Yo no lo podría haber dicho mejor. El Caos no era un dios, simplemente estaba allí, nadie sabe, nadie pregunta, estaba allí. 

Del Caos surgió Gea (Gaya para los romanos). Gea era la tierra, el planeta tierra, se entiende, Toda ella, tienen que imaginársela completamente plana, sin nada, la tierra pura y dura. Gea, madre de todos los dioses, engendró a Urano (Urano) que era el cielo estrellado, para que la cubriera. Bueno, ya tenemos a Gea y a Urano, madre e hijo, en harmonía y coexistencia, planos los dos, eso era todo, como un horizonte holandés. 

 Gea, madre de todos los dioses

Pero a Urano le empezó a crecer el pelo y como que no había mucha fémina por ahí, pues decidió procrear con su madre. De ahí salieron un montón de hijos, pues ya sabemos que la tierra es fértil, pero los que nos interesan son de tres  tipos: Los cíclopes, de un solo ojo, feos como ellos solos, los hecatónquiros, que tenían cien cabezas, y los titanes, que en principio, no estaban mal del todo. De ésta última raza pertenecía Crono (Cronus) , que había cosechado un odio tremendo hacia su padre, el fertilizador Urano.
Urano, por su parte, no estaba muy de acuerdo con el tema de tener hijos de un solo ojo y con cien cabezas, así que se dedicó a meterlos, literalmente, de nuevo en el vientre de su madre. Es decir, que los encerró bajo tierra.  A Gea, como toda mujer puede imaginarse, eso le dolía lo que no está escrito, y debido a lo que se retorcía, aparecieron las montañas, las colinas, los volcanes, los valles, etc. 

Gea, hasta las narices de engendrar hijos no deseados, convenció a los Titanes, los únicos que no estaban encerrados, a acabar con el trono de su padre. Obviamente los dioses no se pueden matar, eso es una lección básica. Crono, el único que parecía tener lo que había que tener, encontró la forma de liberar a sus hermanos. Cogió una hoz de oro, castró a su padre y se acabó el problema. 

 Me solidarizo con los lectores del género masculino...

Pero los miembros del dios del cielo no son unos miembros cualquieras, de las gotas de sangre que cayeron en la tierra se crearon los gigantes y algunos semidioses que habitaban en la naturaleza, mientras que del miembro en sí, que cayó al mar, y después de hacer un espectáculo de espuma y serpentinas, apareció de dentro de una concha tamaño dios, Afrodita (Venus), diosa del amor y de la sexualidad. Así que sí amigos, Afrodita resulta ser una de las diosas más viejas que hay, para que después digan que la belleza va ligada a la edad. 

 El nacimiento de Afrodita, por Boticcelli.

Una vez su padre estaba fuera del mercado, Crono, el dios del tiempo por cierto, se alzó como nuevo rey de los dioses junto a su hermana Rea que, en griego significa, literalmente, “flujo”, refiriéndose al ciclo menstrual, podríamos decir que era una diosa que se encargaba de los partos y demás.
Crono, sabiendo lo que le había hecho a su padre, tenía un miedo terrible a la descendencia, ya se sabe “Se cree el ladrón que todos son de su condición”. Pero descendencia hubo, vaya si hubo, Crono y Rea engendraron a (atención que viene una enumeración): 

Héstia (Vesta):diosa de la arquitectura, la cocina y el hogar. Muchos templos en roma eran templos de Vestales, mujeres que serían equivalentes a las monjas, que protegían el templo y veneraban a la diosa. 
 Vesta, haciéndose la virginal.

Deméter (Ceres): Diosa de la agricultura y de las estaciones. 

 Deméter con su manojito de trigo.

Hera (Juno): Ésta me encanta, menuda petarda estaba hecha, es la diosa del hogar, futura esposa de Zeus, vengativa a más no poder. (Tampoco me extraña, llevaba más cuernos que un reno, la mujer)
 Hera, su mirada de desconfianza lo dice todo.

Hades (Plutón): Dios del inframundo. Aunque siempre lo han pintado fatal, la verdad es que Hades era el único dios que trataba con imparcialidad a todos los súbditos de su reino: los muertos.  Los demás se dedicaban a fastidiarles la existencia siempre que podían. 

  Hades, en el inframundo no hace falta acicalarse tanto.

Poseidón (Neptuno): El hombre del tridente. Dios de los mares, océanos y superficies dónde hubiera agua. Este también era un buen elemento…

 Poseidón, sin su tridente no era nadie.

Zeus (Júpiter): Dios de dioses, el rey de todo, básicamente. También era el más pequeño
.
 Dios de dioses y con estas pintas...

El caso es que Crono, debido al miedo que tenía de la descendencia, se iba a tragando a los hijos nada más salían del vientre de su madre, uno tras otro sin excepción. Supongo que muchos recuerdan el cuadro de Goya “Crono devorando a uno de sus hijos”, pues eso.


 Por si alguien no sabe de que hablo, este es el cuadro de Goya, muy agradable...

Rea, como su madre, estaba hasta el gorro de los dolores del parto que después no servían para nada de nada, porque el padre se los metía en el buche, así que con el pequeño, con Zeus, no sé si es que sería más mono que los demás o qué, hizo una excepción.
Envolvió en mantas una piedra y se lo ofreció a Crono. Éste, que debía tener mucha hambre o algo, se lo tragó pensando que se trataba de su hijo. Entonces Rea cogió al pequeño Zeus y lo llevó a la isla de Creta donde fue amamantado por una cabra llamada Amaltea. Del bebé cuidaban unos semidioses llamados Curetes, que hacían ruido constantemente bailando y dando palmadas para que Crono no oyese los llantos del niño. 


Zeus mamando de una cabra con nombre propio, ahora entiendo muchas cosas.

Zeus creció y se hizo todo un hombre, así k volvió para vengar a sus hermanos y derrocar a su padre (siempre estaban igual, se aburrían). Lo mejor es la manera cómo lo hizo. Para que tengan un ejemplo de lo terrenales que resultaban ser.
Zeus engañó a su padre haciéndose pasar por un sirviente y le dio un vomitivo, así de fácil. Crono expulsó a todos sus hijos al revés de cómo se los había comido, es decir, Poseidón, Hades, Hera, etc. Los hijos llevaban años ahí dentro, pero son dioses, así que salieron ya mayores, supongo que con sus armaduras relucientes.
A todo esto, me había olvidado decir que Crono, una vez derrocó a  Urano, volvió a meter dentro de Gea a los Cíclopes y a los Hecatónquiros, así que no sé para qué leches castró a su padre, en fin. Zeus volvió a liberarlos  y estos le regalaron un rayo a Zeus, un tridente a Poseidón y un casco a Hades. 

Después de una guerra que duró eones (medida de tiempo que sólo pertenece a los dioses, porque es demasiado extensa para concebirla por un mortal) derrotaron a Crono, a quien desterraron al tártaro pero que sigue viviendo en los relojes de ustedes y en su angustia cuando no llegan a coger el autobús.
A partir de entonces, los varones, eso sí que no lo cambian ni los dioses, se repartieron el mundo. Zeus se quedó con el cielo y la tierra, por ser el liberador y porque todo el mundo sabe que de la misma forma que el papel gana a la piedra, el rayo gana al tridente, y sobre todo, al casco (me da pena, pobre Hades). Poseidón se quedó con los mares, océanos, ríos y demás, y a Hades le tocó el inframundo. 

Creo que de momento ya está bien. Más adelante les hablaré con más detalle de los entes que he mencionado en éste post, así como del resto de los Olímpicos que eran 15 en total. 
Que los dioses les pillen confesados...



5.4.11

Esta no es otra estúpida boda romana...


El otro día, junto a una amiga, vimos a una pareja de novios haciéndose las típicas fotos de boda en un parque. El espectáculo era realmente ridículo. No me malinterpreten, la novia estaba relativamente guapa y el novio pues no se, ahí estaba el hombre, aguantando el tipo. Lo divertido de estas cosas es cuando el fotógrafo les dice, ahora pónganse como mirando al infinito, y los dos con las caritas puestas en plan sextercio, o, cójanse de la mano y mírense a los ojos mientras caminan hacia mi. De poco no se nos mata la novia entre los tacones, el vestido tipo princesa Disney y ése moño que le pesaba más que la propia cabeza.

Por suerte para ellos, los romanos no tenían que sufrir semejante humillación, porque en aquella época  sólo los ricos podían acceder a este tipo de cosas, y si querían hacerles grabados, frescos o bustos, pues ya si eso se iban pasando de vez en cuando y el artista, por su bien, más le valía sacarlos absurdamente favorecidos.


Pareja de romanos a los que se les ve excitadísimos por el feliz acontecimiento...

Lo de las bodas romanas tenía su gracia, sobretodo por el hecho de que muchas de las costumbres romanas han permanecido a lo largo de los años hasta llegar a los enlaces de nuestros primos, vecinos y demás.
Me explico.
Para empezar, era normal que los padres pactaran el enlace, sobretodo entre patricios (familias romanas nobles o con cierto nivel económico), generalmente por politiqueo, por apellido o por intereses económicos.
Los plebeyos también solían hacerlo pero era más en plan, “Niña, el carnicero te conviene”.
Bodas había de muchas clases, dependiendo precisamente de las mismas, así que mejor describir una boda normalita, como a la que habrán asistido cualquiera de ustedes, a no ser que estén emparentados con algún tipo de familia Real, en ese caso, pónganse en contacto conmigo vía mail. Mil gracias.
Como iba diciendo, una boda normalita empezaba con el pacto entre las familias, aunque también había casos en los que se casaban por amor, pero eso era bastante raro, la verdad.
Lo primero de todo eran las Esponsales, es decir, el futuro marido con su familia se presentaban en el hogar de la señorita y éste le entregaba un anillo para simbolizar su compromiso, esto se sigue estilando hoy en día, pero los anillos se entregan de rodillas, dentro de pasteles o en una cajita colgando de el collar de un perro (leí un artículo sobre eso en algún sitio, anonadada me quedé)
Las mujeres tenían una dote, una cantidad de dinero que el progenitor de la misma le entregaba al marido en agradecimiento por sacársela de encima (en aquella época las mujeres eran poco más que una carga). 
La mujer, el día antes se despojaba de todo aquello que alejaba de la niñez. Entregaba sus juguetes y parte de sus vestidos como símbolo de su paso a la madurez, algo así como el simbolismo que implica meter billetes en los calzoncillos de un gogó el día de tu despedida de soltera en la actualidad.

La ceremonia empezaba por la mañana, la novia vestía con una túnica blanca, un cinturón de doble nudo y un velo naranja, que generalmente adornaban con una corona de flores. El novio llevaba una túnica de gala, pero sin demasiada ostentación. Ambos cónyuges pedían los auspicios de un augur, que podía ser alguien de la familia. Parece ser que hasta las peores familias tenían un augur, algo así como el cuñado graciosillo.
El romano era un pueblo terriblemente supersticioso, los auspicios eran algo así como una consulta a los dioses de que el matrimonio era visto con buenos ojos, y una manera de pedir suerte. Para que éstos les concedieran el favor (algún día me extenderé sobre los dioses romanos y su “¿Qué me ofreces a cambio?”) sacrificaban un cerdo, un ternero o un buey, dependiendo del bolsillo de cada familia.



A su izquierda, el augur consultando entrañas y haciendo los auspicios

Una viuda que sólo se hubiera casado una vez, la prónuba, era la encargada de coger las manos de los novios, recitar unas palabras en latín y casarlos. Durante ésa ceremonia, los novios decían, ojo, las siguientes palabras: “Ubi tu, (nombre de la pareja), Ego, (tu nombre)” que venía a ser algo como “Te tomo a ti…Yo…”
Entonces se intercambiaban unos anillos de oro, o bañados en oro, que colocaban en el dedo anular de el cónyuge. Después firmaban los papeles conforme estaban casados y listo. Estoy empezando a tener dejavús constantes…


Los enamorados dándose la mano con la prónuba de por medio...


Pero eso no es todo.
A partir de ese momento, se celebraba un convite para la familia que duraba hasta horas intempestivas, mientras que los novios se iban derechitos a casa. Pero no iban solos, por el camino, que generalmente se alumbraba con antorchas, los amigotes del novio cantaban canciones obscenas sobre la feliz pareja mientras los niños tiraban cáscaras de nuez al suelo para hacer ruido. Por suerte, lo de tirarle cosas a los novios no empezó hasta que el arroz dejó de ser un alimento preciado, porque lo de las nueces hubiera sido bastante escandaloso.
Al llegar al umbral del hogar, los padrinos cogían a la novia en brazos y la metían en la casa. Volviendo a la superstición, el hecho de que la novia tropezara o entrara con el pie izquierdo sería interpretado como una señal de mala suerte y infortunio.
Lo que me llama la atención es que fueran los padrinos y no el novio, supongo que sólo faltaría que el novio se tropezara con la novia en brazos, entonces sólo les quedaría la opción de pegarle fuego a la casa maldita.



Alianzas romanas

Con los recién casados subían dos amigas de la novia y dos esclavas. Las esclavas le entregaban a la mujer el agua (símbolo de templanza y flexibilidad) y el fuego (símbolo de la calidez y lo hogareño). Después las amigas le quitaban a la novia el velo y el cinturón, y a partir de ahí, se les dejaba solitos en el lecho, que tampoco es plan de que lo tengan que hacer todo los demás.
Como ven, la mayoría de las cosas siguen haciéndose hoy en día, y es que no hay nada como descubrir las raíces de uno, ¿verdad?

Lo que más me divierte es que desde la calle, los amigos de los novios seguían con las canciones obscenas mientras la pareja estaba en la intimidad.
Toda boda tiene su amigo “liante”, es cómo lo del cuñado gracioso.