7.12.11

Palabras de un necio

Hoy me apetece simplemente copiar un discurso que aparece en la serie de televisión "Yo, Claudio", que recomiendo a todos aquellos que todavía no la hayan visto, entre los que se encuentran grandes amigos míos de cuyo nombre no quiero acordarme. 
Se trata del discurso que pronuncia Claudio delante del Senado justo después de ser proclamado emperador contra su voluntad. No es necesario que les ponga al día sobre cómo era Claudio, o los motivos que tuvo para dirigirse así al Senado, ya que el propio discurso se encarga de ello. 
Resulta que Claudio es mi emperador favorito (todos los freaks de estas cosas tenemos uno). Me parece un hombre que supo hacerse valer más por su condición que por su posición, algo que admiro mucho en las personas, ya sean emperadores o fontaneros. 
Así que nada, aquí les dejo el discurso, espero que lo disfruten. 

"Senadores, es cierto que soy duro de oído, pero siempre me ha gustado escuchar con atención. Respecto a hablar, sí, es cierto que soy tartamudo. ¿Pero acaso no es más importante lo que un hombre dice que el tiempo que tarda en decirlo? Y es cierto, por último que no tengo experiencia de gobierno, ¿pero acaso vosotros tenéis más? Yo al menos he vivido con la familia imperial que ha gobernado en Roma desde antes de que hubiera nacido ninguno de nosotros. He observado como actuaba más de cerca que ningún senador. ¿Vuestra experiencia es mayor que la mía?
Y en cuanto a mi falta de ingenio, que puedo decir, salvo que he sobrevivido hasta llegar a mi edad siendo medio tonto mientras miles de listos morían con su genio intacto. Es evidente que la calidad de la inteligencia es mas importante que la cantidad."


  Derek Jacobi interpreta al bueno de Claudio en 
        esta serie de la BBC que se convirtió en una de la
más aclamadas de la historia de la televisión. 

¡Por cierto! Acabo de ser informada de que se prepara una nueva versión de "Yo, Claudio", producida por la HBO. Sin duda es una gran noticia, pero hay que ser prudente, estamos hablando de igualar/superar un clásico de la televisión inglesa.  











16.10.11

La dieta de la "Tártar..."

Antes de nada, disculpen el chiste del título, sé que no es muy bueno pero alguien me lo ha sugerido después de leer el post y no he podido negarme, me he estado riendo como una tonta un buen rato. 

¡Hablemos de tormentos! ¡Yuju!
En esto los griegos y los romanos eran los putos amos, como diría Guardiola.
En serio, miren, los chinos se han llevado la fama, pero no vamos a engañarnos, si ustedes tienen el inmenso placer de coger un libro de mitología un día de estos se darán cuenta que a retorcidos no les gana nadie a nuestros antepasados.
Voy a hablarles de el Tártaro, y es que me he dado cuenta que el tema del morbillo mortal atrae bastante.  El Tártaro era el “infierno” católico, una prisión con tres muros y con un río de fuego y con tres furias que empuñaban antorchas y látigos ensangrentados y chorraditas de estas salidas como de una mente infantil siniestra.


El Tártaro...es un poco Mordor ¿No?

Allí iban los malos malísimos, y los tormentos pues se adaptaban más o menos a los reos. También eran condenados al Tártaro aquellos seres inmortales que habían sido castigados por los dioses por tocarles demasiado las narices, cómo en el caso de Prometeo (véase “A un titán nos encomendamos”) que a pesar de no estar en el Tártaro lo condenaron bastante fuerte con el tema de el águila, el hígado y toda la mandanga.

Hoy seguiré con Tántalo.
Este hombre era hijo de Zeus y de Pluto, y fue rey de Frigia (Asia Menor) hasta que la lió y su propio padre lo mandó al Tártaro.
Por ser hijo de Zeus fue invitado a comer a la mesa de los dioses, un privilegio que sólo se le concedía a unos pocos elegidos.  Como quería fardar con los amigotes se puso a contar todo lo que había sucedido en la comida y a repartir néctar y ambrosía que había robado.  Pero bueno, supongo que ser hijo del dios de los dioses tenía sus ventajas porque se lo pasaron por alto.
Poco tiempo después decidió corresponder a los olímpicos ofreciéndoles un banquete. Todos acudieron con mucha alegría y apetito, porque la comida empezó a escasear. Tántalo, viéndose en un apuro, decidió, después de una larga meditación, escoger la opción más lógica, que era servirles a su propio hijo Pélope . Lo descuartizó y lo echó a la olla. Bien. 
Como supongo que imaginarán, todos los dioses se echaron para atrás con un gesto de repulsión, todos excepto Deméter, que había perdido recientemente a su hija Perséfone y andaba algo despistada, así que se comió un hombro de Pélope.
Zeus, muy enfadado y avergonzado de su propia estirpe, metió la carne de Pélope en una especie de marmita mágica en plan Panorámix y el chaval volvió a recomponerse, eso sí, con un fuerte olor a ajo, me imagino.
Le faltaba un hombro, recordemos que Deméter se lo había comido, así que Hefesto, el herrero de los dioses, le construyó uno de marfil (supongo que hubo que matar a un elefante para eso).
Pero a Pélope no le auguraba un gran futuro,  porque Poseidón, rey de los mares, lo raptó y lo convirtió en su amante, creo que medio a la fuerza, en fin...en la mitología la pederastía y el parricidio estaban en el orden del día...


Poseidón, muy enamorado de Pélope le regaló una cuadriga con unos caballos estupendos. También hay una península griega que lleva su nombre: El Peloponeso. 


Lo último fue ya un rifi-rafe que hubo entre Tántalo y Zeus por culpa de un perro sagrado. Que si “te pedí que lo guardaras tú”, que si “no sé de que perro me estás hablando”, que si “vas a pagar por esto, que ya está bien”, que si “me despisté un momento y se salió”, que si “me habías dicho que no sabías de que perro te estaba hablando”…cosas de familia.
Zeus se lo cargó aplastándole la cabeza con una roca (muy sutil) y lo mandó derechito al Tártaro.
Allí Tántalo sufre una tortura bastante malintencionada que me recuerda al método Dukan ese.
Se encuentra en una laguna, con el agua por las barbilla. Sobre su cabeza cuelgan unas ramas con frutas jugosas que tienen una pinta de morirse. El problema es que cuando Tántalo, deshidratado y desnutrido, intenta coger una fruta o beber algo de agua, éstas desaparecen de su alcance, por los siglos de los siglos. Por si eso fuera poco, una roca bastante grande pende oscilante justo encima de su cabeza, aunque sinceramente, ha muerto de una pedrada en la bola, no sé, a mi ya no me daría tanto miedo eso, la verdad…


¿Es un poco el quiero y no puedo verdad? Se le pueden sacar tantas lecturas...

El próximo día, que será pronto, lo prometo, les hablaré de Sísifo, otro que sufrió tormentos en el Tártaro por intentar engañar a los dioses. (Los dioses odian que alguien sea más listo que ellos, como habrán comprobado…)

PD: Si alguno de ustedes se pierde con el nombre de los dioses no dude en consultar “Los dioses y la madre que los engendró” para tener claro quién es Deméter, Zeus, Poseidón, Hades y demás entes. 

22.8.11

Ser virgen era lo más...


Con la que se ha formado con el tema de la visita del Papa y tal, no podía perder la oportunidad de hablarles de uno de los cultos religiosos más afianzados en el corazón de los romanos y, en mi opinión, uno de los más bellos.  Me refiero al culto a la llama sagrada, al fuego de Vesta.

Vesta, Héstia para los griegos, como seguramente recordarán de mi post anterior “Los dioses y la madre que los engendró” (y si no es así les invito a que se pasen y se lo lean) era hija de Rea y Cronos, y era la diosa de la arquitectura, de la cocina y del hogar.



Aquí tienen a Vesta, lo de la izquierda es un cuenco con una llamita...

A simple vista no parece demasiado, pero en realidad para los romanos la figura del hogar era muy importante. Y no sólo me refiero al hogar como el lugar donde la familia romana tenía sus más y sus menos, si no también a lo que va siendo la chimenea. En ella se cocinaba, se realizaban los ritos sagrados y daba calorcito en invierno. Por eso, el fuego era veneradísimo y era importante cuidarlo.
De ello se encargaban las vírgenes vestales, mujeres seleccionadas para ser las encargadas de vigilar el fuego sagrado de Vesta, que se encontraba en los templos dedicados a la diosa.

Las vírgenes vestales  (cuyo equivalente más cercano serían las monjas) rendían culto a la diosa y eran escogidas de entre las más bellas mujeres de la ciudad a la edad de 6 a 10 años. Las niñas debían ser de padres romanos y que tuvieran una perfecta condición física. Se las separaba de su familia, y como a los romanos les encantaba eso de dejar las cosas claras, se las ataba con una cuerda a un árbol como para dejar claro que ya no dependían de la misma.  Después se les cortaba el pelo a lo Juana de Arco y empezaban a recibir instrucción.

Generalmente, las vírgenes vestales eran seis y permanecían treinta años en el templo. 10 eran dedicados al aprendizaje, 10 al servicio de la diosa y otros 10 a la instrucción de nuevas candidatas. Cuando terminaban esos treinta años, las vestales eran liberadas de sus servicios y tenían pleno derecho a casarse si les apetecía, pero generalmente permanecían vírgenes en el templo (recordemos que con 30 y pico años, una romana ya era considerada bastante madurita, si es que no tenía un pie en la tumba casi).



Esta señora era vestal...ya les digo que "Clarins" ha hecho milagros...


¿Y a qué se dedicaban? Pues básicamente procuraban que el fuego de la diosa Vesta no se apagara nunca, mantenerlo encendido constantemente. Fin. Seis personas para eso, así hacían las cosas los romanos, y así de bien les iba en realidad. Hay que tener en cuenta que si por lo que fuera el fuego de Vesta se apagaba, se montaba un cristo de aquí te espero. Era de muy mal gusto y augurio, implicaba que había que buscar las causas, charlas sobre el tema, expiar el templo y volver a encenderlo con la luz del sol. La vestal que había estado de guardia cuando se apagaba el fuego era azotada.
Otra obligación de las vestales era permanecer vírgenes y puras durante el tiempo que estuvieran como sacerdotisas. Vesta permaneció virgen siempre, aunque fue bastante cortejada.
Castigos para las que les iba la marcha había muchos, cada cuál más cruel y sanguinario. Se empezó por la lapidación, pero un rey posterior, Tarquinio, se inventó un castigo horroroso. Si se sorprendía a una vestal rompiendo sus votos de castidad, lo primero que se hacía era despojarla de la vitta (el velo que la identificaba como sacerdotisa) y todas las insignias religiosas y de prestigio. Hasta ahí dirán “Bueno, me parece lógico”, pero no señores, estamos hablando de los romanos, nunca era suficiente.
Se envolvía a la mujer en un sudario para cadáveres y, transportada en una litera, se paseaba por la ciudad como si se tratara de un entierro normal. Después, una vez en el Campus Sceleratus (como el cementerio de hoy en día), se abriría una cripta con una escalera y se obligaría a la vestal a descender. Allí se la encerraría y se la enterraría viva. También le dejarían pan y agua para prolongar el sufrimiento. Ahí es nada. Sólo hay 22 casos documentados de vírgenes (o no tan vírgenes) vestales juzgadas y castigadas en la historia. No creo que haga falta que se pregunten porqué.



Vírgenes vestales, resignadas pero vivas...

Pero en realidad ser vestal molaba bastante. Para empezar eran mujeres completamente independientes y veneradas por todos y cada uno de los ciudadanos romanos. El respeto hacia ellas era indiscutible, y gozaban de privilegios que en aquella época eran casi impensables para una mujer. Tenían las mejores plazas en el anfiteatro y en los teatros, eran invitadas a las fiestas de más alto copete de la ciudad y tenían incluso el poder de indultar a un condenado a muerte.
Esto era bastante gracioso, en realidad la cosa iba de la siguiente manera: Si una vestal iba caminando por la ciudad y se encontraba por casualidad (eso era muy importante) con un reo camino de la ejecución tenía el poder de indultarlo y perdonarle la vida. Pero tenía que ser por casualidad, nada de encuentros pactados.
El templo de Vesta era tan importante para los romanos que documentos muy significativos fueron guardados entre sus muros, entre otros, el testamento del emperador Augusto.



Foro Romano, el templo de la izquierda, el que es como alargadito y tiene esculturas, es el de las vírgenes vestales. 


Finalmente la llama de Vesta fue apagada personalmente por el emperador Teodosio cuando decretó como prohibidos los ritos paganos.
Así le fue de bien: al cabo de unos años los bárbaros entraron a saco en la península acabando con el Imperio Romano Occidental. Y es que no creo que haya nada peor que una Diosa enfadada y con un estado de carencia tan grande.