2.3.15

Ciclo de la música. Capítulo 1: “La tortuga no tiene culpa”.

He decidido que durante estos días voy a hacer un ciclo de cuatro capítulos en los que intentaré explicar un poco mejor el origen de la música según la mitología griega (que como ya sabemos, es la misma que la romana). Espero que les guste y saquemos algo en claro de cuales fueron los motivos de la existencia de la música. Algo que hoy en día tenemos al alcance de la mano pero que antes pasaba por, como no, ¡muerte y destrucción! ¡Yuju!

Seguramente se preguntarán el porqué del título de éste primer capítulo. Enseguida entenderán lo que quiero decir y, seguramente, no volverán a mirar a una tortuga de la misma forma.
Los protagonistas de ésta leyenda son Apolo, el Dios Sol, el Dios de las artes y la segunda figura más venerada en la antigüedad clásica después de Zeus. Se encargaba de las plagas, pero también de la curación, así que más valía estar a buenas con ése Dios. Era vengativo pero justo, muy poderoso y algo incontrolable. Supongo que más adelante habrá que hacer una entrada sólo con él y su carácter voluble y resplandeciente. El caso es que uno de los protagonistas es Apolo, y ya está.

 Apolo en todo su esplendor. 

El otro protagonista es Hermes, uno de mis Dioses favoritos. Era el Dios mensajero, protector de los viajeros, los mercaderes y los ladrones, de carácter afable y servicial, algo inocente y muy cuqui en general. Su nombre en la cultura romana era Mercurio. Se le representaba con las sandalias aladas que, por cierto, he descubierto que hay unas Adidas aladas que creo que caerán en breve. Pero en fin, que me despisto del tema, el segundo protagonista era Hermes.

Las sandalias aladas estaban en la tintorería. 

Primero de todo hay que tener en cuenta que un bebé Dios no es un bebé normal. Hermes nació al cuarto mes y su madre, una pléyade llamada Maya, lo envolvió con telas para que no se escapara. Seguramente Hermes pensó “Telitas a mí” porque por la noche se escapó mientras todos dormían.

Iba el bebé de cuatro meses Hermes por el campo “larí, laró” cuando encontró un rebaño supuestamente desprotegido que resultó ser el de su hermano Apolo (recordemos que tanto Hermes como Apolo eran hijos del gran Zeus, el follador vividor del Olimpo). El tema es que ni corto ni perezoso, Hermes robó parte del ganado. Cuando digo parte me refiero a doce vacas, cien terneras y un toro, casi ná. Les ató las colas a unas ramas y se fue andando hacia atrás para no ser descubierto. El único que presenció el robo fue un anciano llamado Bato, que, después de ver aquello, lo más probable es que pensara que se había dejado de tomar la medicación. El bebé sobornó a Bato con una vaca (lo que eran los sobres de aquella época) a cambio de su silencio y sacrificó el ganado a los Dioses. Después, algo cansado, se dirigió de nuevo a la cueva donde dormitaba su madre.
A la entrada de la cueva encontró una tortuga, y como parece que su sed de sangre no se había saciado del todo, la mató, la vació por dentro y utilizando el caparazón y los intestinos de las reses robadas inventó la lira. Luego se fue a la cama y se volvió a dormir como si nada.

Hermes y Bato negociando las condiciones de su soborno.  

Os podéis imaginar la ira de Apolo al descubrir que le habían robado el ganado a él, pues no hay nada peor para un Dios que lo pillen en un descuido. Bato le confesó (a cambio de dos vacas, resulta que al final el listo fue el anciano) que había visto pasar a un bebé arrastrando ciento y pico animales y ató cabos.
Llegó a la cueva de Maya y exigió una explicación, pero la pléyade le mostró a Hermes dormidito como un santo en la cuna y le dijo que cómo podía acusar a su bebé de hacer algo así, que era muy pequeño y que hay que ver.
Apolo no quedó contento y se marchó donde su papá para que mediara entre los dos. Zeus obligó a Hermes a restituir el ganado pero éste, en lugar de eso, le regaló la lira a Apolo a cambio de las vacas. Apolo quedó encantado con el trueque y es por eso que uno de sus símbolos es la lira.

Hermes le regala la lira a Apolo para que no se enfade. 

En otra ocasión, Hermes inventó la flauta y Apolo también se encaprichó de aquél instrumento. A cambio de la misma, Hermes le pidió su cayado de oro y que le enseñara el don de la adivinación. Es por eso que otro símbolo de Hermes es el caduceo.
Así pues, se puede decir que Hermes demostró ser un gran comerciante y, seguramente, el gran olvidado en la historia de la música, ya que él solito inventó dos de los instrumentos básicos de la época antigua.
A pesar de eso, los laureles como Dios de la música se los llevó Apolo. Eso pasa mucho, qué les voy a contar…

¿Y qué pasó con Bato? Pues nada, en un arranque de dignidad Apolo se disfrazó de hombre corriente y por codicioso y sobornable lo convirtió en piedra. No sé porqué tengo la sensación de que si esto pasara hoy en día, más de una sede política se convertiría



en una cantera, pero en una cantera de piedras de verdad. 

La semana que viene: ¿Hasta dónde puede llegar la vanidad de una Diosa?


25.2.15

A falta de pan, buenos son tordos.


Hola a todos! Como ya prometí, aquí empieza mi nuevo post, esta vez hablándoles de algo tan indispensable como el comer. Y es que, como es de esperar, en la época romana se comía, y si eras rico y poderoso bastante, y bastante raro por cierto.
Por desgracia, y como sigue pasando hoy en día, no era la misma mesa la de los ricos que la de los pobres, ya que era bastante común que los pobres comieran más bien poca carne y sufrieran hambrunas cada dos por tres (sobretodo cuando los poderosos decidían gastarse el dinero en cosas muy útiles como burdeles, construcciones de magnos palacios y demás proyectos imprescindibles)

Antes del imperio, lo normal es que el pueblo romano comiera aquello que le proporcionaba la tierra y el trabajo esclavista, es decir: el cereal, las hortalizas, la leche y los huevos. Es curioso descubrir que su dieta era bastante equilibrada y no solía sobrepasar las 3.000 calorías. Los ricos tomaban mucha leche, carne de cerdo, aceitunas y queso, mientras que los pobres se acostumbraron a las sopas de vino (básicamente pan mojado en vino) y al puls, unas gachas de harina de trigo que salvaron la vida a miles de romanos hambrientos durante casi 300 años. También fue la época en la que se empezaron a especiar las carnes con pimienta, miel, ortigas y demás.
El vino era un alimento básico en la dieta romana, pero como todavía no se había aprendido a conservarlo adecuadamente, generalmente se servía con especias o aguado para tratar de disimular el sabor. Conozco algunos bares en los que la milenaria costumbre de aguar el vino se sigue llevando a cabo. Entrañable.
Otro punto importante eran las frutas, y es que los romanos instauraron en seguida lo que hoy se conoce como “Dieta Mediterránea” y eran grandes consumidores de fruta. Especialmente de higos, ya que a parte de ser algo que se conservaba con facilidad, resultaba ser el alimento más dulce que existía en ése momento (recordemos que el azúcar llegó con bastante retraso a Europa, se estaban poniendo finos los del otro lado del charco.)

En fin, la cosa parecía que iba bien pero hay que reconocer que todo el día comiendo aceitunas y leche puede llegar a ser aburrido así que, poco a poco, los gustos de los romanos ricos se fueron refinando hasta llegar a las altas esferas de la demencia.
Me gustaría recordar que en la casa de un patricio se solía comer cuatro veces al día, a saber: Desayuno, comida, merienda y cena. La cena era la comida más importante del día y acostumbraba a reunir a toda la familia en una sala despejada llena de lechos llamados triclinios, donde todos se tumbaban a disfrutar de cenas cada vez mas exóticas.
Si bien es cierto que una cena informal consistía en huevos, puerros, gachas y judías, cuando invitaban a amiguetes la cosa se ponía interesante: Ostras, melón, trufas, carnes variadas y postres refinísimos.


¡Miren que alegres! ¡Hay más esclavos que comensales!


Pero, ¡bah! Eso no es nada en comparación con lo que les esperaba a los pudientes una vez se instauró el imperio. Aquello ya era harina de otro costal.
¿Qué no se lo creen? Está bien. ¿Saben qué consideraban como auténticas delicatessen por aquella época? El loro y el flamenco, especialmente sus lenguas, así como los pavos reales y las grullas.
De hecho, a los romanos les encantaba todo lo que tenía alas, tenían como una obsesión extraña. También comían faisán, tordos, gansos y pintadas…aunque bueno, eso se sigue comiendo hoy en día. Está documentado que engordaban a los pobres bichos con harina hervida, hidromiel y pan empapado en vino. Olé. 
¿No han tenido suficiente? Bien, otra delicatessen eran las ubres y las matrices de las cerdas, así como los perritos lechales…mmm, riquísimo.

No sé que llevará ese plato, pero buen rollo no da, precisamente...


Supongo que uno de los alimentos que más les debe sonar (por el hecho de que se han encontrado ánforas llenas) es el garum. El garum era una especie de salsa hecha con las vísceras fermentadas de pescado que era muy apreciada por las clases pudientes porque le atribuían poderes afrodisíacos. A mí me está dando gustirrinín solo de imaginármelo.

Lo cierto es que su gula no tenía fin. Cuando había buen dinero los romanos servían unos banquetes que no había manera de acabárselo, que me gustaría ver al tío de “Crónicas carnívoras” en una de esas fiestas, se le iba a quitar la sonrisilla de la cara.
Por cierto, que si estaban llenos no había problema, se iban al vomitorium (sí, existía) y vuelta a empezar.
Pero no pasaba nada, la gente del pueblo se conformaba con comer en la calle algo de pan y las morrallas del pescado en salmuera, el maenae. Los altramuces y las algarrobas constituían un delicioso acompañamiento. Muy seco y salado todo, la verdad, no me extraña que bebieran tanto vino.
Pero no todo son malas noticias. En un arranque de solidaridad y buen hacer, el emperador Aureliano repartió carne entre la plebe. Era de burro, porque la de buey se reservaba para los VIPS pero bueno, menos daba una piedra.



¿Y ustedes qué? ¿Están dispuestos a sentarse a la mesa?


19.2.15

¡Ave a todos!


¡Como ven he vuelto a la carga! Y es que hace ya tiempo que pensaba en retomar éste blog que abandoné a su suerte hace mucho, por tiempo, por pereza y demás razones que no creo que les interesen, la verdad.
He vuelto con muchísimos nuevos temas, y algunas ideas innovadoras para ponerse al día en eso de las redes sociales que ya les iré contando más adelante. De momento, repanchínguense en la silla, el sofá o el triclinium y disfruten, que para eso estamos.
Me viene que ni pintada la palabra triclinium para mi siguiente post, pues era nada más y nada menos que la tumbona en la que los romanos se recostaban para ponerse finos a viandas, a cuál más extraña.
Pero no adelantemos acontecimientos, de momento, gracias por volver al redil conmigo, espero que esta vez mi falta de constancia no me juegue una mala pasada.
¡Alea Iacta Est!


7.12.11

Palabras de un necio

Hoy me apetece simplemente copiar un discurso que aparece en la serie de televisión "Yo, Claudio", que recomiendo a todos aquellos que todavía no la hayan visto, entre los que se encuentran grandes amigos míos de cuyo nombre no quiero acordarme. 
Se trata del discurso que pronuncia Claudio delante del Senado justo después de ser proclamado emperador contra su voluntad. No es necesario que les ponga al día sobre cómo era Claudio, o los motivos que tuvo para dirigirse así al Senado, ya que el propio discurso se encarga de ello. 
Resulta que Claudio es mi emperador favorito (todos los freaks de estas cosas tenemos uno). Me parece un hombre que supo hacerse valer más por su condición que por su posición, algo que admiro mucho en las personas, ya sean emperadores o fontaneros. 
Así que nada, aquí les dejo el discurso, espero que lo disfruten. 

"Senadores, es cierto que soy duro de oído, pero siempre me ha gustado escuchar con atención. Respecto a hablar, sí, es cierto que soy tartamudo. ¿Pero acaso no es más importante lo que un hombre dice que el tiempo que tarda en decirlo? Y es cierto, por último que no tengo experiencia de gobierno, ¿pero acaso vosotros tenéis más? Yo al menos he vivido con la familia imperial que ha gobernado en Roma desde antes de que hubiera nacido ninguno de nosotros. He observado como actuaba más de cerca que ningún senador. ¿Vuestra experiencia es mayor que la mía?
Y en cuanto a mi falta de ingenio, que puedo decir, salvo que he sobrevivido hasta llegar a mi edad siendo medio tonto mientras miles de listos morían con su genio intacto. Es evidente que la calidad de la inteligencia es mas importante que la cantidad."


  Derek Jacobi interpreta al bueno de Claudio en 
        esta serie de la BBC que se convirtió en una de la
más aclamadas de la historia de la televisión. 

¡Por cierto! Acabo de ser informada de que se prepara una nueva versión de "Yo, Claudio", producida por la HBO. Sin duda es una gran noticia, pero hay que ser prudente, estamos hablando de igualar/superar un clásico de la televisión inglesa.  











16.10.11

La dieta de la "Tártar..."

Antes de nada, disculpen el chiste del título, sé que no es muy bueno pero alguien me lo ha sugerido después de leer el post y no he podido negarme, me he estado riendo como una tonta un buen rato. 

¡Hablemos de tormentos! ¡Yuju!
En esto los griegos y los romanos eran los putos amos, como diría Guardiola.
En serio, miren, los chinos se han llevado la fama, pero no vamos a engañarnos, si ustedes tienen el inmenso placer de coger un libro de mitología un día de estos se darán cuenta que a retorcidos no les gana nadie a nuestros antepasados.
Voy a hablarles de el Tártaro, y es que me he dado cuenta que el tema del morbillo mortal atrae bastante.  El Tártaro era el “infierno” católico, una prisión con tres muros y con un río de fuego y con tres furias que empuñaban antorchas y látigos ensangrentados y chorraditas de estas salidas como de una mente infantil siniestra.


El Tártaro...es un poco Mordor ¿No?

Allí iban los malos malísimos, y los tormentos pues se adaptaban más o menos a los reos. También eran condenados al Tártaro aquellos seres inmortales que habían sido castigados por los dioses por tocarles demasiado las narices, cómo en el caso de Prometeo (véase “A un titán nos encomendamos”) que a pesar de no estar en el Tártaro lo condenaron bastante fuerte con el tema de el águila, el hígado y toda la mandanga.

Hoy seguiré con Tántalo.
Este hombre era hijo de Zeus y de Pluto, y fue rey de Frigia (Asia Menor) hasta que la lió y su propio padre lo mandó al Tártaro.
Por ser hijo de Zeus fue invitado a comer a la mesa de los dioses, un privilegio que sólo se le concedía a unos pocos elegidos.  Como quería fardar con los amigotes se puso a contar todo lo que había sucedido en la comida y a repartir néctar y ambrosía que había robado.  Pero bueno, supongo que ser hijo del dios de los dioses tenía sus ventajas porque se lo pasaron por alto.
Poco tiempo después decidió corresponder a los olímpicos ofreciéndoles un banquete. Todos acudieron con mucha alegría y apetito, porque la comida empezó a escasear. Tántalo, viéndose en un apuro, decidió, después de una larga meditación, escoger la opción más lógica, que era servirles a su propio hijo Pélope . Lo descuartizó y lo echó a la olla. Bien. 
Como supongo que imaginarán, todos los dioses se echaron para atrás con un gesto de repulsión, todos excepto Deméter, que había perdido recientemente a su hija Perséfone y andaba algo despistada, así que se comió un hombro de Pélope.
Zeus, muy enfadado y avergonzado de su propia estirpe, metió la carne de Pélope en una especie de marmita mágica en plan Panorámix y el chaval volvió a recomponerse, eso sí, con un fuerte olor a ajo, me imagino.
Le faltaba un hombro, recordemos que Deméter se lo había comido, así que Hefesto, el herrero de los dioses, le construyó uno de marfil (supongo que hubo que matar a un elefante para eso).
Pero a Pélope no le auguraba un gran futuro,  porque Poseidón, rey de los mares, lo raptó y lo convirtió en su amante, creo que medio a la fuerza, en fin...en la mitología la pederastía y el parricidio estaban en el orden del día...


Poseidón, muy enamorado de Pélope le regaló una cuadriga con unos caballos estupendos. También hay una península griega que lleva su nombre: El Peloponeso. 


Lo último fue ya un rifi-rafe que hubo entre Tántalo y Zeus por culpa de un perro sagrado. Que si “te pedí que lo guardaras tú”, que si “no sé de que perro me estás hablando”, que si “vas a pagar por esto, que ya está bien”, que si “me despisté un momento y se salió”, que si “me habías dicho que no sabías de que perro te estaba hablando”…cosas de familia.
Zeus se lo cargó aplastándole la cabeza con una roca (muy sutil) y lo mandó derechito al Tártaro.
Allí Tántalo sufre una tortura bastante malintencionada que me recuerda al método Dukan ese.
Se encuentra en una laguna, con el agua por las barbilla. Sobre su cabeza cuelgan unas ramas con frutas jugosas que tienen una pinta de morirse. El problema es que cuando Tántalo, deshidratado y desnutrido, intenta coger una fruta o beber algo de agua, éstas desaparecen de su alcance, por los siglos de los siglos. Por si eso fuera poco, una roca bastante grande pende oscilante justo encima de su cabeza, aunque sinceramente, ha muerto de una pedrada en la bola, no sé, a mi ya no me daría tanto miedo eso, la verdad…


¿Es un poco el quiero y no puedo verdad? Se le pueden sacar tantas lecturas...

El próximo día, que será pronto, lo prometo, les hablaré de Sísifo, otro que sufrió tormentos en el Tártaro por intentar engañar a los dioses. (Los dioses odian que alguien sea más listo que ellos, como habrán comprobado…)

PD: Si alguno de ustedes se pierde con el nombre de los dioses no dude en consultar “Los dioses y la madre que los engendró” para tener claro quién es Deméter, Zeus, Poseidón, Hades y demás entes. 

22.8.11

Ser virgen era lo más...


Con la que se ha formado con el tema de la visita del Papa y tal, no podía perder la oportunidad de hablarles de uno de los cultos religiosos más afianzados en el corazón de los romanos y, en mi opinión, uno de los más bellos.  Me refiero al culto a la llama sagrada, al fuego de Vesta.

Vesta, Héstia para los griegos, como seguramente recordarán de mi post anterior “Los dioses y la madre que los engendró” (y si no es así les invito a que se pasen y se lo lean) era hija de Rea y Cronos, y era la diosa de la arquitectura, de la cocina y del hogar.



Aquí tienen a Vesta, lo de la izquierda es un cuenco con una llamita...

A simple vista no parece demasiado, pero en realidad para los romanos la figura del hogar era muy importante. Y no sólo me refiero al hogar como el lugar donde la familia romana tenía sus más y sus menos, si no también a lo que va siendo la chimenea. En ella se cocinaba, se realizaban los ritos sagrados y daba calorcito en invierno. Por eso, el fuego era veneradísimo y era importante cuidarlo.
De ello se encargaban las vírgenes vestales, mujeres seleccionadas para ser las encargadas de vigilar el fuego sagrado de Vesta, que se encontraba en los templos dedicados a la diosa.

Las vírgenes vestales  (cuyo equivalente más cercano serían las monjas) rendían culto a la diosa y eran escogidas de entre las más bellas mujeres de la ciudad a la edad de 6 a 10 años. Las niñas debían ser de padres romanos y que tuvieran una perfecta condición física. Se las separaba de su familia, y como a los romanos les encantaba eso de dejar las cosas claras, se las ataba con una cuerda a un árbol como para dejar claro que ya no dependían de la misma.  Después se les cortaba el pelo a lo Juana de Arco y empezaban a recibir instrucción.

Generalmente, las vírgenes vestales eran seis y permanecían treinta años en el templo. 10 eran dedicados al aprendizaje, 10 al servicio de la diosa y otros 10 a la instrucción de nuevas candidatas. Cuando terminaban esos treinta años, las vestales eran liberadas de sus servicios y tenían pleno derecho a casarse si les apetecía, pero generalmente permanecían vírgenes en el templo (recordemos que con 30 y pico años, una romana ya era considerada bastante madurita, si es que no tenía un pie en la tumba casi).



Esta señora era vestal...ya les digo que "Clarins" ha hecho milagros...


¿Y a qué se dedicaban? Pues básicamente procuraban que el fuego de la diosa Vesta no se apagara nunca, mantenerlo encendido constantemente. Fin. Seis personas para eso, así hacían las cosas los romanos, y así de bien les iba en realidad. Hay que tener en cuenta que si por lo que fuera el fuego de Vesta se apagaba, se montaba un cristo de aquí te espero. Era de muy mal gusto y augurio, implicaba que había que buscar las causas, charlas sobre el tema, expiar el templo y volver a encenderlo con la luz del sol. La vestal que había estado de guardia cuando se apagaba el fuego era azotada.
Otra obligación de las vestales era permanecer vírgenes y puras durante el tiempo que estuvieran como sacerdotisas. Vesta permaneció virgen siempre, aunque fue bastante cortejada.
Castigos para las que les iba la marcha había muchos, cada cuál más cruel y sanguinario. Se empezó por la lapidación, pero un rey posterior, Tarquinio, se inventó un castigo horroroso. Si se sorprendía a una vestal rompiendo sus votos de castidad, lo primero que se hacía era despojarla de la vitta (el velo que la identificaba como sacerdotisa) y todas las insignias religiosas y de prestigio. Hasta ahí dirán “Bueno, me parece lógico”, pero no señores, estamos hablando de los romanos, nunca era suficiente.
Se envolvía a la mujer en un sudario para cadáveres y, transportada en una litera, se paseaba por la ciudad como si se tratara de un entierro normal. Después, una vez en el Campus Sceleratus (como el cementerio de hoy en día), se abriría una cripta con una escalera y se obligaría a la vestal a descender. Allí se la encerraría y se la enterraría viva. También le dejarían pan y agua para prolongar el sufrimiento. Ahí es nada. Sólo hay 22 casos documentados de vírgenes (o no tan vírgenes) vestales juzgadas y castigadas en la historia. No creo que haga falta que se pregunten porqué.



Vírgenes vestales, resignadas pero vivas...

Pero en realidad ser vestal molaba bastante. Para empezar eran mujeres completamente independientes y veneradas por todos y cada uno de los ciudadanos romanos. El respeto hacia ellas era indiscutible, y gozaban de privilegios que en aquella época eran casi impensables para una mujer. Tenían las mejores plazas en el anfiteatro y en los teatros, eran invitadas a las fiestas de más alto copete de la ciudad y tenían incluso el poder de indultar a un condenado a muerte.
Esto era bastante gracioso, en realidad la cosa iba de la siguiente manera: Si una vestal iba caminando por la ciudad y se encontraba por casualidad (eso era muy importante) con un reo camino de la ejecución tenía el poder de indultarlo y perdonarle la vida. Pero tenía que ser por casualidad, nada de encuentros pactados.
El templo de Vesta era tan importante para los romanos que documentos muy significativos fueron guardados entre sus muros, entre otros, el testamento del emperador Augusto.



Foro Romano, el templo de la izquierda, el que es como alargadito y tiene esculturas, es el de las vírgenes vestales. 


Finalmente la llama de Vesta fue apagada personalmente por el emperador Teodosio cuando decretó como prohibidos los ritos paganos.
Así le fue de bien: al cabo de unos años los bárbaros entraron a saco en la península acabando con el Imperio Romano Occidental. Y es que no creo que haya nada peor que una Diosa enfadada y con un estado de carencia tan grande. 

31.7.11

Nacer pa' esto...

 Estimados lectores y demás: Antes que nada me gustaría disculparme por el abandono que ha sufrido “La vendetta de Remo” en las últimas semanas/meses. Ya se sabe que el astro rey influye muchas veces en lo que va siendo la resolución de tareas varias.
Pero bueno, como decía Gandhi, hay dos días de la semana por los que no debemos preocuparnos: ayer y mañana, así que vamos a ello.

Hoy me gustaría hablar de los hijos, de lo que va siendo la procreación en la época de los romanos, teniendo en cuenta que cada vez se oye más por la calle aquello de: “Sobran viejos y faltan críos”.



Niño romano con toga. ¿Tiene como mucha oreja no?

Para empezar, dejar claro que la vida de un romano medio era de aproximadamente 40 años para un hombre libre y 30 para un esclavo, eso siendo optimistas. Motivos para esa esperanza de vida había muchos, a saber:

- Estamos hablando de una época donde la medicina no había avanzado demasiado.  Además, los matasanos estaban muy mal vistos en esa época, ya lo decía Plinio el Viejo, que Roma era “Sine medicis…nec tamen sine medicina” es decir “Saludable sin médicos, pero no sin medicina”. 

- Por otro lado, Roma era una tierra de conquistadores, se sabe que en la mayoría de las familias de la urbe romana al menos un miembro había participado de  forma activa o pasiva, en alguna de las numerosas guerras que se libraban cada año. Que si ahora se nos alborotan los germanos, que si parece que los egipcios asoman la cabecilla, que si tenemos a los galos revolucionados, un no parar, vamos. El caso es que muchos romanos sanos morían en el campo de batalla, y teniendo en cuenta que la franja de edad permitida era de entre 16 años y 20, pues ustedes me dirán…

- Roma como ciudad en si, era bastante violenta. Había muchos alborotos de toda índole, eran un pueblo guerrero y bastante orgulloso. Además se sufría asiduamente de hambruna, así que se provocaban carnicerías frecuentemente.

-  Livia la esposa de Augusto, vivió 86 años (mala hierba nunca muere). ¡Imagínense a cuanta gente se cargó durante ese tiempo.

El último punto es una pequeña broma que he querido incluir, aunque yo no la descartaría del todo…

Una vez aclarado esto, llega el momento de abordar el tema del “churumbeleo”.

Uno de los pilares en los que se sustentaba la sociedad romana era la familia. Se sabe que en la época de Augusto, el propio emperador realizó charlas y reuniones con los solteros nobles de la ciudad, echándoles la bronca por preferir tener relaciones con prostitutas y esclavas antes de buscarse una mujer y formar una familia. De la misma forma, premió generosamente a todos aquellos hombres que sí estaban casados, y que, como buenos romanos, devolvían a Roma lo que Roma les había dado a ellos: soldados que protegieran sus hogares.


¡Que bonicos y felices se les ve!

No nos engañemos, si Augusto quería que se formaran familias era porque veía en cada una de ellas, a un par o tres de críos que con 16 años estarían defendiendo los intereses del imperio. Parece básico, sí, pero gracias a ése espíritu “familiar”, la sociedad romana sobrevivió y se convirtió en el imperio más próspero que ha conocido la humanidad hasta el día de hoy.
Me gustaría añadir que Augusto solo tuvo un descendiente, y encima era una hija, Julia, mientras que a Livia, con la que convivió durante 50 años, no la embarazó ni una sola vez. No hay nada como predicar con el ejemplo.

Aun así, no hay que confundirse, porque no todos los hijos valían. Me explico.

El parto se realizaba generalmente en casa,  con ayuda de una partera y de los dioses del hogar, entre los que se encontraba Juno, diosa de los partos. Cuando el bebé nacía, y si la madre seguía respirando (cosa que no siempre ocurría) la partera dejaba el niño en el suelo y se llamaba al padre. El padre como figura principal de la familia, el “pater familias”, miraba al niño como desde arriba, en un plano picado, y si le parecía que lo tenía todo en su sitio, lo levantaba y lo cogía en brazos. Eso significaba que lo aceptaba como hijo suyo, y ya después realizaban las tareas de limpieza y tal. Por otro lado, si al padre no le gustaba el hijo, por lo que fuera (deformidades físicas, por sospechar que no era hijo suyo, etc) simplemente mandaba que lo sacaran de su casa y lo dejaran en la puerta, para que, si le interesaba a alguien, se lo llevara.  Hay que tener en cuenta que un ciudadano romano antes era hijo del Estado que hijo de su padre y de su madre, así que generalmente había más rechazos de hembras que de varones (menuda novedad).

 

Fíjense, la partera no quiere ni mirar...

Y ustedes se preguntarán ¿Y la madre? ¿La madre que hace? Pues la madre se calla y apechuga, que para eso es la mujer y aquí ni pincha ni corta ná. El “pater familias” era el único miembro de la familia que no debía respeto a nadie, y que poseía el derecho de la vida y la muerte tanto de su mujer como de sus hijos, incluso cuando estos ya eran mayores de edad. Se dieron casos de hombre que vendieron como esclavos a sus hijos, ya casados, para saldar sus propias deudas. Por suerte, esta ley se cambió, para que las esposas de esos hijos no se vieran de repente renegadas a la posición de “mujer de un esclavo”.

Una vez el bebé era acogido se celebraban las típicas ceremonias que a los romanos les encantaban, para purificar al niño, y para que los dioses le echaran un ojo de vez en cuando, y se les daba un nombre (praenomen), de los que ya hablé en mi post “¿Cómo decías que te llamabas?.
También se le ofrecía al recién nacido un colgante en forma de bolsita o cajita que contenía dentro un amuleto para el mal de ojo llamado “bulla”. Los niños y las niñas llevaban la “bulla” al cuello hasta que alcanzaban la mayoría de edad, momento en el que se la ofrecían a Hércules o a Juno, respectivamente.


"Bulla" romana...los niños y niñas romanos andaban encorvados hasta que alcanzaban la mayoría de edad...

Prometo seguir con el tema de la familia romana en breve pero ahora...¿Pero que hacen ahí sentados todavía? ¿No se han enterado que estamos en crisis? ¡Hagan el favor de ponerse a procrear por el bien del Estado!

16.5.11

A un titán nos encomendamos...

Parece que haga eones que no escribo en el blog, y es que el tiempo pasa volando cuando una trata de acostumbrarse a su vieja polis, después de llevar un tiempo de viaje por otras provincias.

He empezado a leer un nuevo libro, se llama Mitología Griega y Romana, de  J Humbert, i por el momento, es bastante prometedor. Les recomiendo que se lo lean si quieren profundizar un poco más en el tema de la mitología, aunque no es el libro que recomiendo para los novatos, ya que puede parecerles un tanto aburrido y monótono si no están familiarizados con el vocabulario mitológico estándar.

Siguiendo con el tema de los dioses, supongo que debería empezar a hablarles de los Olímpicos, pero no, creo que no voy a hacerlo así. Creo que voy a empezar por Prometeo.
Y es que Prometeo señores, es el ente al que todos deberíamos venerar más. Sin duda alguna, si no fuera por Prometeo la raza humana se habría extinguido ya hace mucho.
Prometeo era un titán, sí, de la misma raza que Cronos, el dios del tiempo, padre de Zeus y toda la camada Olímpica. Dicen que cuando Hera (esposa de Zeus) era adolescente, fue violada por un Gigante, y que debido a esto la diosa engendró a Prometeo.
La existencia de Prometeo no era plato de buen gusto para Zeus, ya que él sí podía, con perdón de la expresión “tirarse a todo lo que se movía”, pero que su mujer engendrara a alguien de forma extramatrimonial, aunque fuera a causa de una violación, eso ya era harina de otro costal.
Pero no nos engañemos, Zeus no sólo odiaba a Prometeo por ser un bastardillo más.




Spoiler de la historia de Prometeo. 

Primero de todo hay que tener en cuenta una cosa muy importante, una verdad universal: Los humanos a los dioses les importamos un pito. En realidad, no somos más que juguetes con los que es agradable jugar un rato, despiezarlos, montar guerras épicas, planear secuestros de damiselas, pero que, una vez mamá los llama para cenar, sólo dejan arrinconados convirtiéndonos en un estorbo para ellos.
Así nos veía Zeus cuando aparecimos en éste mundo, como un estorbo, como un error que había que sanar, eliminar. 
Pero aun así, decidió hacerlo de una forma original,  recreándose en su poder, y consiguiendo sólo que el tiro le saliera por la culata.
Ordenó a los humanos que le ofrecieran sacrificios animales, creyendo así que si éstos sacrificaban toda la comida que tenían, morirían por inanición. Básico pero efectivo si se para uno a pensarlo.
Con lo que Zeus no contaba era con nuestro colega Prometeo, que decidió echarnos una mano, me gustaría pensar que para bien.
Ordenó que se sacrificara un buey en honor a Zeus, pero hizo dos montones. En uno, Prometeo colocó la piel, las vísceras y la carne dentro del estómago del animal, mientras que en el otro puso los huesos, pero los cubrió con la grasa.
Cuando se le pidió a Zeus que escogiera el montón que comerían los dioses, éste se decidió por la grasa, pensando que ahí estaba toda la chicha, pero ¡Oh sorpresa! Se encontró solo con los huesos.
Desde ése momento, en los sacrificios a los dioses siempre se quemaban los huesos, pero la carne se la quedaban los humanos. 
Zeus, como es natural, se cabreó bastante al verse ridiculizado y, como castigo, nos arrebató el fuego.
Pero Prometeo robó el fuego para nosotros del monte Olimpo. Le costó lo suyo pero lo consiguió, y nos lo devolvió consiguiendo así que la raza humana siguiera su curso. Supongo que si ahora Prometeo viera en lo que nos hemos convertido, alomejor se lo pensaba dos veces, o se hacía un poco más de rogar.



Prometeo con el fuego en la mano, ya mostraba entonces expresión dubitativa...

El caso es que a Zeus esto ya le pareció demasiado, y es que nunca hay que ofender a los dioses, porque siempre acabas perdiendo.
Zeus mandó a Hefesto, del que hablaremos más adelante, que le hiciera una mujer de arcilla, Pandora. Otorgó a Pandora toda clase de virtudes, belleza, sensualidad, carisma, algo de frivolidad y un poquito de mala leche para rematar.
Después, se la dio en matrimonio a Epimeteo, un hombre que en realidad no pinta mucho si no fuera porque era el hermano de Prometeo. Y mira que Prometeo le dijo: No aceptes regalos de los dioses, no pueden traer nada bueno. Pero Epimeteo no hizo caso a los consejos de su hermano y se desposó con ella. Con lo que nadie contaba era que de regalo con el "pack especial de esposa" venía una caja muy especial. Ésa caja contenía todos los males de éste mundo. Fue solo cuestión de tiempo que Pandora, movida por la curiosidad, abriera la caja y condenara a los humanos a una vida de miseria y penurias. Lo único que quedó atrapado dentro de la caja  fue la esperanza, cuya existencia proviene de los propios humanos y es lo que muchas veces hace falta para combatir las desgracias.



 Pandora y la cajita de marras.

Bueno, Zeus ya se había vengado de los humanos, y de qué manera…Pero todavía no había terminado.

Mandó atar a Prometeo a una   piedra del Cáucaso y le infligió una de las peores torturas que se recuerdan en la mitología.
Todas las mañanas, Zeus mandaba a una águila  para que se comiera el hígado del Prometeo, pero como éste era inmortal, por la noche el hígado le volvía a crecer, enterito y jugoso para ser el aperitivo del águila a la mañana siguiente.



 ¿A alguien le apetecen unos higadillos?

Aunque el castigo debía ser eterno, finalmente Prometeo fue liberado por Heracles (Hércules) a cambio de cierta información para realizar una de sus gestas.
Se puede deducir que, al final, quien tiene la información tiene el poder, así que les aconsejo que se procuren algún que otro chismorreo del vecino por si las moscas.

Por cierto. ¿Se han fijado que las mujeres siempre acabamos siendo las que metemos la pata? Eva, Pandora…en fin.  
Supongo que sólo nos queda rezar por que nunca tengamos que volver a necesitar la ayuda de Prometeo, porque me parece que, en ése caso, deberemos ser nosotros los que pongamos el hígado en el altar de los sacrificios.